Las paredes abandonan su anonimato para convertirse en las protagonistas del espacio. Diseñar murales en una capilla donde habían desaparecido las pinturas, transformar una sala de actos con ornamentación vegetal, dibujar una flor en un baño, restaurar una masía con pigmentos naturales y cal, iluminar techos aplicando pan de oro o engañar al ojo del espectador realizando un trompe-l’oeil.